Municipio De Moca

Catalina Morales de Flores

Nació en el Barrio Marías de Moca, el 5 de mayo de 1996. Poco tiempo después sus padres, Cecilio Morales y Tibursia Méndez, se trasladaron al pueblo con su familia. Aqui establecieron un pequeño negocio y así pudieron sobrevivir en aquella época de tanta pobresa.

 Por fin, llegó la edad de Catalina ingresar a la Escuela. Desde el primer grado demostró ser una niña brillante y así continuó hasta obtener su diploma de octavo grado con excelentes calificaciones.

 Hay un dato de mucho interés en su vida de estudiante que se presta para la meditación. Fue su marcado afán por ingresar a la Escuela Superior de Aguadilla, sin contar con recursos económicos para tal empresa. De nadie recibió consejo u orientación. La idea salió de aquella niña mimada y caprichosa, que apenas alcanzaba los 14 años de edad.

 Sin pensar en los sacrificios de su deseo, luchó hasta conseguir el permiso de sus padres que tal vez accedieron, pensando que ella no soportaría por mucho tiempo aquella tarea de caminar a pie ida y vuelta desde su hogar hasta la escuela. No había transportación alguna entre estas dos comunidades, Moca y Aguadilla.

  Pero no sucedio así; como soldado valiente marchó siempre adelante hasta alcanzar la meta de sus aspiraciones, realizar su sueño de prepararse para el futuro con un excelente índice de aprobechamiento. La principal Srta. Carmen Gómez, Tejera, la recomendó a la Universidad de Puerto Rico para la licencia de Maestro Rural.

En el año 1925 recibió una licencia probatoria por dos años, en el 1927 una por tres años y el 1ro de julio de 1929 recibió la licencia permanente de Maestra Rural.

 Catalina empezó a trabajar en agosto de 1925. Continuó estudiando durante las vacaciones en la Universidad de Puerto Rico y ademas un curso fuera del Recinto Universitario. Así, el 30 de julio de 1947 recibió el diploma de bachillerato en Arte; el 1ro de julio de 1951 el de permanente de Principal de Escuela Elemental, el 17 de agosto de 1951 el de Maestra de Escuela Superior por 6 años y tambien el de Principal de la misma escuela, por 4 años; el 1ro de julio de 1953, el certificado vitalicio de Principal de Escuela Superior.

 Después de trabajar como maestra y principal de Escuela Superior durante 27 años solicitó una beca para la maestría, la cual le concedieron para la Universidad de New York. En octubre de 1957 recibió el diploma de Maestra de Artes (Master of Arts). Este le daba derecho a ejercer tanto en cualquier nivel de enseñanza como el de supervisión.

 Le dieron la oportunidad de trabajar en Lares como Superintendente pero no aceptó por no dejar su posición como Principal de la Escuela Superior de Moca, cargo que ejerció hasta pensionarse en el 1965.

 Catalina fue una profecional extraordinaria. Con sus propios métodos, sin violar los principios establecidos por el Departamento de Istrucción, realizaba una labor mucho mas eficiente de lo que exigía su cargo, fuera de enseñar o de supervisar.

 Trataba a sus alumnos de cualquier nivel como hijos suyos. Los orientaba, los aconsejaba, los ayudaba, se ganaba su cariño por medio del trato maternal, dándoles confianza, el amor y el respeto que necesita el estudiante, ya sea niño, adolecente, joven o adulto. Ese trato maestro hasta conseguir que su discípulo se acerque a él como se acerca a sus padres, para traer las dificultades que no puede resolver por si mismo. Así lo hizo ella como maestra y como principal, lo mismo con los estudiantes que con los maestros que trabajaron bajo su dirección.

 Nunca se vistió del orgullo del profecionalismo. Siempre se mantuvo en la alta esfera de la humildad que le caracterizó y que tanto le ayudó en sus relaciones con toda clase de ser humano.

 Como Cristiana, miembro de la Iglesia presbiteriana de Moca, a la que asistió desde muy niña, le dió parte de su vida ayudando en todas las actividades propias de la iglesia y cumpliendo con fidelidad todos los estatutos requeridos para el crecimiento de la obra. Brindó también ayuda a otras iglesias de distintas doctrinas.

En cuanto a las instituciones cívicas, no les negó su cooperación no importándole de donde venía la solicitud. Nunca rehusó servir a la necesidad en cualquier orden del diario vivir.

Hoy toda esta comunidad de Moca le rinde honores hasta después de su muerte, como si viviera todavía, pero si, vive en su corazón guardado como si fuera en un cofre de oro. Vivirá mientras vivan aquellos que íntimamente la conocieron. hoy está en el cielo cosechando lo que sembró en la tierra, cosecha que vendrá cuando después en el Reino que Dios tiene prometido a los que le aman como Padre eterno y obedecen sus estatutos.