Municipio De Moca

Valentín Pérez López

Nació el 21 de mayo de 1927, en el barrio Cuchillas de Moca.  Murió el 9 de junio de 1999 en Moca a la edad de 72 años.  Hijo de Felipe Pérez y Josefa López.  Valentín cursó estudios primarios en  Moca bajo muchos sacrificios, luego pasó a terminar su cuarto año en la escuela superior en Aguadilla.

Desde pequeño se caracterizó por ese don innato que Dios le dio de dibujar y pintar.  Sus maestros  de escuela primaria lo utilizaban para dibujar en la pizarra y decorar el salón.

El señor Juan Antonio (padre) se motivó y preocupó por Valentín, y le ayudó a conseguir una beca para continuar sus estudios.

Contrajo nupcias con la señora Ana González Cordero matrimonio del cual procrearon 4 hijos: Ariel, René Jr., Roberto y Ana Luz, de los cuales tiene 7 nietos: Janet, Kelvin, Tatiana, René, Zuleyra, Jesús y Josué.

Valentín ingresó a las fuerzas armadas de los Estados Unidos como ilustrador y fue veterano de la guerra de Korea.  Trabajó en la Base Ramey de Aguadilla hasta que ésta cerró.  Luego trabajó en distintas instituciones privadas y públicas.  En la pública dedicó sus últimos años de vida como maestro ilustrador en la Escuela Elemental Urbana de Moca.

Fue una persona humilde, buena, sencilla, pero sobre todo muy alegre.  Fue un artista completo, pintor que nunca estudió pintura, artesanía y esto lo convertía en un artista autodidacta o innato.  Pintaba al óleo, acrílico y acuarela, dibujaba al carbón y tallaba en madera cualquier figura.  Además, hacía esculturas en barro y yeso.  Pintó retratos de muchos políticos del país.  Tiene más de 500 obras de artes distribuidas por toda la isla, la mayoría de estas en Moca.

Entre sus obras se encuentran:  Busto de Mr. San Antonio (yeso), La vida (pintura, Jorge García), Las Tres Solteronas (Pintura, Versión de Valentín), Escudo de Moca (tallado), Los Tres Reyes Magos (tallado a mano), El Bautismo de Jesús (pintura iglesia católica), El Ángel de la Guarda (en madera y en tercera dimensión), La Virgen de la Monserrate (tallada en madera).

Trabajando en la escuela pública Valentín decía que para él lo más importante era recibir una sonrisa de los niños como de los adultos.  De cariño lo llamaban Don Vale, el viejo o el abuelo.  Allí adoptó a muchos perritos, gatos, pero sobre todo a sus queridas palomas.  Al acogerse al retiro se dedicó de lleno a restaurar las imágenes de las capillas católicas de los barrios, tallar en madera y pinturas de óleo.